El significado de la Autonomía.
Georgy Katsiaficas
Es claro que la Autonomía tiene
significados diversos. La filosofía occidental, desde Kant, ha usado este
término para referirse a la independencia de la subjetividad individual, pero
el uso que hago de él se refiere principalmente a las relaciones colectivas, no
a las individuales. En mi análisis de los movimientos sociales emergen varios
significados de Autonomía: en primer lugar y de modo destacado, la
independencia que tienen los movimientos sociales de los partidos políticos y
sindicatos. Por esto los movimientos que buscan la autonomía regional o
nacional no son movimientos autónomos en el sentido en que uso el término, en
tanto, estos están alineados con partidos políticos establecidos. Por ejemplo el
movimiento independentista Irlandés, lucha por la autonomía de Irlanda respecto
a Gran Bretaña, pero yo no lo considero un movimiento autónomo en tanto está
dirigido por partidos de organización jerárquica y concepciones políticas
tradicionales. En la actualidad abundan los movimientos separatistas, pero
pocos, si acaso alguno, son movimientos autónomos. La autonomía regional y
nacional ha sido desde hace mucho un tema central para los movimientos en áreas
periféricas del sistema mundial. En la actualidad la demanda de autonomía está
presente en movimientos en Kurdistán, India, el País Vasco y varias partes de
la antigua Unión Soviética. En México el subcomandante Marcos de los Zapatistas
en Chiapas, representa las demandas fundamentales de los campesinos como
"alimento, salud, educación, autonomía y paz"[1].
En Brasil el Movimiento Negro
Unificado plantea como uno de sus objetivos principales la autonomía política
de los negros. Las aspiraciones por mayor autonomía regional para los indígenas
en Chiapas o para los Afro-Brasileños en Bahía no tienen el mismo contenido que
la autonomía de los movimientos europeos, a pesar de la similitud formal. Todos
ellos demandan "Poder para el Pueblo" y la descentralización de la
toma de decisiones concentrada en los estado-nación.
En la década del setenta miles de obreros
participaron en Autonomía
y el significado de ella que se podía extraer de sus experiencias fue, en
ocasiones, una definición exclusivamente en término obreristas. Siguiendo a
Johannes Agnoli, el concepto de autonomía en el norte de Italia tuvo dos
dimensiones: la lucha de clase se hizo a sí misma autónoma de la circulación
del capital; y no la dirigieron organizaciones de la izquierda tradicional,
(como los comunistas y sus sindicatos)[2].
Aunque ampliamente difundida, las definiciones obreristas de la autonomía son
tan solo una de sus múltiples formas, incluso en referencia al movimiento en
Italia. Como planteo en mi estudio de la situación de los movimientos sociales
italianos y alemanes, el movimiento autónomo de las mujeres en cada país fue
vital para formaciones posteriores, tanto por los procedimientos internos
innovadores como por su capacidad de actuar distanciadas de los hombres y
siguiendo sus propias necesidades y anhelos determinados autónomamente. Estos movimientos feministas autónomos
plantearon un ejemplo de una "política de la primera persona" en
oposición a las nociones tradicionales de revolución dirigidas por el país o la
clase obrera. Dentro de estos movimientos los individuos no reciben ordenes de
instancias superiores sino que
actúan voluntariamente de acuerdo a su propia voluntad (preservando la semilla
kantiana de autonomía con una definición más amplia y en un contexto
colectivo). Muchos grupos feministas actuaban de acuerdo al consenso
auto-gestionado, tomaban decisiones independientemente de lideres centrales y
las implementaban de acuerdo a su propia autodisciplina. Este modelo
organizacional representa un aporte de vital importancia a la definición de
movimientos autónomos.
Un último significado de autonomía emerge a
mediados de los 70 cuando en Alemania se daba una lucha prolongada en contra de
la energía nuclear. Grupos de activistas comenzaron a autodenominarse autónomos
para poner distancia frente a los grupos afines a los partidos
Marxista-leninistas dentro del movimiento antinuclear, quienes negaban el valor
de las formas espontaneas de resistencia militante. Cuando comenzaron a
aparecer grupos radicales en el movimiento pacifista, la contracultura y los
movimientos de ocupación, se
agruparon en una formación multifacética que llegó a ser conocida como los
Autónomos. Los Autónomos encarnaron lo que yo llamo "espontaneidad
consciente", en tanto sintetizaron creativamente las formas de democracia
directa en la toma de decisiones y en la resistencia popular.
Los Autónomos no comparten la idea de que
hay una forma dominante o una sola forma verdadera de autonomía. Sin embargo,
hay un numero de principios que les proporcionan coherencia: ven sus ideas como
una alternativa revolucionaria tanto para el socialismo autoritario (sociedades
al estilo soviético) como para el "capitalismo pseudodemocrático". A
diferencia de los Comunistas, ellos no creen en la necesidad de un partido
revolucionario único y verdadero o de una sector revolucionario de la sociedad.
Ellos creen en la diversidad y en la diferenciación constante. Aunque estos
principios no están escritos en ninguna parte emergen de la acción de miles de
individuos en su vida cotidiana. Ellos creen en el auto-gobierno y en la necesidad
de que los grupos e individuos se hagan responsables de sus propias acciones.
Aunque estas nociones pueden ser contradictorias con las acciónes de algunos,
se materializan en patrones duraderos de su actividad como movimiento. Los
Autónomos buscan cambiar a los gobiernos tanto como la vida cotidiana, para
derrocar el capitalismo y el patriarcado[3].
A mediados de los setenta en España y
Portugal los movimientos sociales impactaron críticamente a los países europeos
cuando repentinamente tomaron el poder. Yo no lo considero movimientos autónomo
en parte porque no estaban orientados a la transformación de la vida cotidiana.
A finales de 1995 una ola de huelgas que duraron 24 días llevó a Francia al
borde de una repetición de Mayo de 68 (cuando diez millones de estudiantes y
trabajadores se fueron a la huelga sorpresivamente). A pesar del carácter
explosivo de las huelgas de 1995 y 2005, se circunscribió en los limites del
gobierno: los huelgistas acciones fueron en respuesta al intento del Primer
Ministro de cambiar las políticas públicas; y los dirigentes plantearon la
negociación con el gobierno como una de sus principales demandas. Como casi
todo lo relacionado con los movimientos sociales en Francia estas huelgas se
dieron en el marco de la política establecida. En este país, es prácticamente
inconcebible una creación de espacios contestatarios fuera del terreno de lo
que tradicionalmente se entiende por política.
En especial a Alemania, las políticas
autónomas se han vuelto cada vez más relevantes internacionalmente. Desde la
perspectiva de cómo constituyen una negación tajante a la estructura dominante
del sistema mundial, los Autónomos deben ser entendidos como una verificación
de mi pronóstico de que el carácter politico-cultural de la Nueva Izquierda seguiría
definiendo la forma a largo plazo de los movimientos anti-sistémicos. En tanto
los movimientos autónomos encuentran adherentes en lugares como Praga, Atenas,
Lyon (Francia), Moscú, San Francisco y Nueva York se hace cada vez más evidente
que aunque sean invisibles para las corrientes de pensamiento dominantes,
definen las formas fenoménicas del activismo radical contemporáneo.
Los Autónomos: un movimiento invisible.
En comparación a la voluminosa cantidad de
libros publicados en Francia e Inglaterra sobre Alemania, en Estados Unidos hay
sólo un par: los que tratan del tema del pasado Nazi, el surgimiento y caída
del Comunismo, o el problema de los neo-Nazis. No hay que sorprenderse,
entonces, de que los prejuicios que tienen los americanos en torno a los
alemanes sean tan frecuentes. Mientras los alemanes sean caracterizados como
obedientes y ordenados, los americanos se sentirán más seguros de sus valores
democráticos superiores y pluralismo cultural. Después de todo, fueron los
Aliados lo que liberaron a los alemanes de la dominación Nazi, nosotros los
americanos les dimos su primera constitución democrática, y también financiamos
su reconstrucción de postguerra, gracias a la cual son ahora prósperos.
Las pocas nociones que tienen los
americanos de los alemanes progresistas provienen generalmente de su
conocimiento de los Verdes. Al obtener ventaja del sistema de representación
proporcional que rige a las elecciones gubernamentales alemanas[4],
los Verdes hicieron presencia rápidamente dentro del gobierno local y nacional
llegando a ser el tercer partido más grande en Alemania a mediados de los
noventa. En 1983 obtuvieron mas de dos millones de votos en la elección
federal. Cuando ocuparon sus escaños en el parlamento, su pelo largo y
vestimenta informal simbolizó un cambio enorme en la política y sociedad
alemana. En ambos lados del Atlántico los analistas predominantes estaban
preocupados con la "amenaza" que constituía el pacifismo alemán para
la guerra fría. Por eso los medios se centraron en él, y fue comúnmente
aceptado que los verdes generaron y condujeron el progresismo alemán.
Los Verdes son equiparados con frecuencia,
por observadores externos al movimiento, al radicalismo de izquierda en
Alemania, sin embargo, son la organización más destacada que surge de un
movimiento social de amplia base y diversidad. Por otro lado existe tan poca
información en los EE.UU. sobre los Autónomos, que con frecuencia se piensa que
son un movimiento irrelevante o incluso inexistente[5].
Como analizo en el capítulo tres, mucho antes de que el Partido Verde se
fundara en 1979, el movimiento autónomo de las mujeres había emprendido una
campaña por la despenalización del aborto, creando, además, docenas de centros
de mujeres. También otros movimientos extra-parlamentarios de acción directa
habían desafiado el juego conservador de las políticas alemanas desde Hitler a Berufsverbot
(los decretos del gobierno
en los 70' que sofocaron eficientemente los reclamos de los funcionarios
públicos). Los grupos de base (Bürgerinitiativen) empezaron rompiendo el hielo del ámbito político con
el proceso de oposición pública a
políticas impopulares como la construcción de plantas de energía nuclear,
expansiones del aeropuerto gigantesco de Fráncfort y el continuo déficit
habitacional[6]. Se
organizaron como pequeñas comunidades que protegían su entorno de la invasión
de los colosos políticos-industriales, y como consecuencia sus iniciativas
cosecharon adeptos que buscaban mayores injerencias democráticas en las
decisiones sociales importantes. La significativa confianza del país en la
fisión nuclear como fuente de energía, se volvió un tema clave. La
confrontación en contra de los proyectos de energía nuclear planteó la
necesidad de una representación parlamentaria dentro del sistema que pudiera
articular las aspiraciones de los movimientos anti-nucleares emergentes, cuyo
apoyo popular era claramente mayor que cualquier otra iniciativa precedente.
Así como los Verdes comenzaban a buscar oficinas, los radicales ocupaban
cientos de casas abandonadas en las ciudades interiores para usarlas como una
base desde las cuales radicalizar los movimientos pacifistas, ecologistas y
feministas.
El Partido Verde se formo para satisfacer
las necesidades que ponían en juego estos impulsos extra-parlamentarios:
limpiar el medio ambiente de Alemania: volver las estructuras de gobierno más
democráticas y romper la sumisión a la mentalidad patriarcal de las pequeñas
ciudades que cohartaban la libertad de la mujeres, les negaban los derechos a
los homosexuales de ser auténticos y mutilaban la capacidad de los jóvenes para
vivir de acuerdo a sus propias ideas. En el crisol de años de lucha los
movimientos de acción-directa forjaron a los radicales Autónomos. En la década
de los ochenta, a través de las tácticas de confrontación organizadas en contra
de la policía, los Autónomos jugaron el papel principal en frustrar los planes
del gobierno para construir una planta nuclear en Wackersdorf (Baviera) que
podría haber abastecido a Alemania con bombas de plutonio. Su campaña de
no-colaboración causaron que el gobierno cancelara un censo nacional y ayudó a
socavar la propuesta para que Berlín fuera sede de los Juegos Olímpicos en el
2000. Estos triunfos de los Autónomos son indiscutiblemente más importantes que
cualquier otra victoria a través del sistema parlamentario, en el mismo
periodo.
En una primera aproximación, los diferentes
niveles de la acción política dentro de los que los movimientos de
acción-directa y los Verdes operaban, parecen complementarse uno al otro. Sin
embargo, dentro del movimiento alemán, las contradicciones entre la
construcción de espacios autónomos del gobierno y la actividad parlamentaria al
interior de él, genera una compleja discusión política, desconocida en los
EE.UU.. Superficialmente, parece que los Verdes y los Autónomos sólo difieren
en sus tácticas, en tanto persiguen objetivos similares como el término del
poderío nuclear. Pero en realidad las diferencias entre estas dos alas del
movimiento alemán son mucho más grandes; incluyen, por ejemplo, tanto formas de
organización como distintas estrategias (construcción de centros de
auto-gobierno con poder dual versus transformación de la sociedad a través de
la acción parlamentaria). Aunque las acciones militantes y la actividad
electoral proporcionan, con frecuencia, beneficios recíprocos, también pueden
generar amargos conflictos.
Para muchos Autónomos, los Verdes no son un
movimiento en el gobierno, sino el gobierno dentro del movimiento. Ellos son
esa parte de la institucionalidad que ha infiltrado a la oposición radical,
como otro mecanismo del estado para extender la legitimidad de su autoridad. De
este modo, los Verdes representan el último ejemplo de cooptación de
movimientos que sigue los pasos históricos del Partido Social Demócrata (con quienes
los Verdes han formado coaliciones de gobierno estatales y locales). Para
algunos lectores, puede ser desconcertante leer que los Verdes están al margen
de los movimientos igualitarios radicales, pero no sería honesto de mi parte
presentar la situación de otro modo.
Para muchos Verdes, los Autónomos son
culpables de "voluntarismo ciego" (e incluso cosas peores); ellos
sustituyen "la liberación con la lucha por los propios intereses".
Los Autónomos son "anarquistas violentos" que arrojan tomates y huevos
a los altos oficiales de gobierno mas que enfrentarlos en debates racionales.
Con frecuencia, se los vincula a grupos guerrillero como la Fracción del
Ejército Rojo; grupo que ha secuestrado y asesinado a algunos banqueros,
industriales y políticos connotados.
Veo estas aproximaciones como
complementarias (los Verdes dentro y los Autónomos fuera del sistema). Se
necesitan uno al otro para su proceder continuo y su impacto histórico. En el
capítulo seis, trato estos temas con más detalle. Desde mi perspectiva, los
Autónomos existen en el terreno político posicionándose entre el reformismo de
los Verdes y el voluntarismo del RAF [Fracción del Ejército Rojo]. Muchos
Autónomos estarían en ostensible desacuerdo con la caracterización de los
Verdes como parte del movimiento. Ellos perciben a los Verdes como una gran
amenaza a la vitalidad del movimiento, mucho más que cualquier otra fuerza
política, en tanto son capaces de concurrir a muchas actividades del movimiento
y desperfilar sus posibilidades radicales para terminar ayudando a la policía a
aislar al movimiento. Por ejemplo, en 1986, durante la preparación de una
manifestación en contra de la planta nuclear de Brokdorf, mucho más de
cincuenta mil personas que asistirían a la protesta, se negaron a que la policía
registrara sus automóviles que irían en una caravana por la autopista. Sin
embargo, los organizadores Verdes, aceptaron que sus vehículos fueran
inspeccionados en busca de cascos y otros materiales que pudieran ser usados
para confrontar a la policía. Naturalmente la policía escoltó a los Verdes
hasta el punto de inspección mientras, por otro lado, dispersaban violentamente
al resto de los manifestantes, antes de que pudieran reunirse (como había
ocurrido en Berlín). Cerca de Hamburgo cientos de personas fueron brutalmente
atacados cuando se encontraban detenidos en sus vehículos. Muchos de los
heridos culparon a los Verdes por haber cooperado con la policía a identificar
a aquellos que se negaron a dejar inspeccionar sus automóviles.
Un ejemplo menos grave de la distancia
entre los Verdes y los Autónomos se dio en 1988 cuando los Autónomos preparaban
una manifestación en contra de las convenciones internacionales del Banco
Mundial y el Fondo Monetario Internacional en Berlín. Miles de manifestantes activos
intentaron detener la planificación de la futura explotación que congregaba a
Ministros de Economía de ciento cincuenta países y a diez mil banqueros
mundiales (los manifestantes los culpaban por la pobreza y el hambre en la
periferia del mundo). Por su parte, el Partido Verde y sus afiliados intentaron
desmantelar la confrontación de los Bancos Mundiales haciendo un llamado a una
conferencia organizada por ellos para discutir la posibilidad de un
"sistema bancario mundial alternativo". A diferencia de los Verdes,
los radicales Autónomos no tienen nada que ver con los bancos ni con cualquier
tipo de sistema, sean alternativos o no. El mundo que ellos quieren crear y
habitar es uno lo más alejado posible del dinero, de la centralización, del
gobierno y de la propiedad en todas sus formas.
La plataforma de acción de los autónomos
constituye una tierra prometida de la política que los analistas de los
movimientos sociales y los activistas de fuera de Europa en general no
visualizan. En la historia que hago de los movimientos autónomos hay muchos
puntos que los separan de otros tipos de política. Podemos identificar los
siguientes hilos conductores en lo que planteamos:
1.
la tensión
entre trabajar al interior del sistema y trabajar en completa oposición a él, y
las ventajas relativas y responsabilidades de cada alternativa.
2.
la
importancia inmediata de proponer un estilo de vida humana alternativo que no
sólo confronte el poder en el nivel de la política colectiva.
3.
la
formulación de intereses universales como especie y la trascendencia de las
identidades particulares que delimitan las aspiraciones y visiones de los
grupos.
4.
la
disposición psicológica y la herencia Nazi de los alemanes y la posibilidad de
que incida en los movimientos sociales radicales.
Las primeras tres son sin duda preguntas
permanentes, y la cuarta también se puede entender de un modo más general:
¿Cómo podemos evitar que los movimientos populares descentralizados sean
atraídos e incorporen elementos odiosos como aquellos que sostienen posiciones
étnicas radicales?
Medios de comunicación y marginalidad.
A diferencia de los Verdes, los
autonomistas no buscan la publicidad- incluso son conocidos por su hostilidad
en contra de la prensa y por los ataques a fotógrafos que registran sus
acciones. Los activistas tienen varias razones para impedir que los medios de
comunicación oficiales transmitan en sus noticias informaciones sobre su
movimiento. El motivo más evidente es que la policía utiliza las fotografías y
las filmaciones de video que realiza la prensa y la televisión para identificar
y arrestar a los manifestantes. Y un motivo más sutil es que los activistas
quieren evitar intencionalmente que los medios de comunicación creen lideres
artificialmente (lo que ellos visualizan como el error de la Nueva Izquierda).
En la búsqueda de conservar la integridad de sus grupos, alejan a la prensa
como elementos invasores que socavan la identidad autónoma que han creado.
Ellos buscan el control directo de lo que los medios elaboran en torno a ellos,
algo que los medios norte americanos, a diferencia de los europeos, no
permiten. Por ejemplo, en 1981, una película de la CBS sacaba a la luz pública
una de las muchas casa ocupadas en Berlín occidental y aunque los Ocupa estaban
conscientes de que se trataba de una audiencia potencial de diez millones,
optaron por no hablar con la CBS porque esta cadena no garantizó el derecho de
aprobación final a la filmación.
Además, aunque los neófitos se hubieran
enterado de la existencia de los Ocupa a través de la televisión muchos de sus
activistas resintieron el hecho de que serían invadidos por turistas[7].
La orientación típica de los medios de comunicación americanos es el
voyeurismo. Después de la reunificación alemana y la decisión del Bundestag de
trasladar la capital a Berlín, la editorial de New York Times describió el movimiento que allí existía
de modo paternalista como uno de los encantos turísticos de la ciudad: "La
tintura de los cabellos de las mujeres tiende a ser de múltiples colores, ellas
se visten, además, de un modo que es más teatral que elegante; por su parte los
jovencitos de Kreuzberg visten sus políticas anarquistas en mangas de
camisa"[8]. Un año
antes el Times se había
referido a los Autónomos como "matones anarquistas" y el Washington
Post los describía en
términos menos que radiantes: "Ellos son un puñado de andrajosos, que se
visten en su mayoría de negro, se pintan los cabellos con franjas de colores
brillantes, y llevan sus orejas y narices perforadas con múltiples aretes"[9]
No podría haber una mejor descripción de la escena ya que por último para el
punto de vista de aquellos que creen en el significado profundo del movimiento
es mejor ser incomprendido por los externos.
Otra motivación para la marginalidad del
movimiento es la resistencia a la tendencia moderna a la uniformidad y a la
preocupación por la sistematización pulcra y ordenada. Esa es una de las
razones porque hay tan poca historia de los Autónomos escrita por sus propios
miembros. ¿Hacia donde se está dirigiendo el análisis de aquellos que buscan
evadir el entrampamiento en la red mundial de la comodidad y las versiones
monolíticas de la verdad en la que se hayan los individuos y las comunidades?
Los movimientos autónomos buscan quebrantar la opresión de la uniformidad y la
integración en la sociedad de consumo. Incluso si el movimiento abarcara a la
mayoría, serían un surtido numeroso de grupos con diferentes estilos de vida,
códigos de vestimenta, concepciones políticas y normas autoconstruidas, una
mayoría marginada del centro de control y sus satisfechos sostenedores. La
presencia de estos grupos en los márgenes de la sociedad alemana - repleta de
menosprecio y otros signos de poca valoración- garantiza que ellos sirven para
recordar que la libertad es la libertad de vivir de un modo diferente. La
existencia de una movimiento marginalizado de inconformistas urbanos es de
vital importancia para la libertad individual, en tanto en Alemania el
conformismo de la vida en pequeñas ciudades es rígidamente inculcado y
reforzado.
Si se lleva más lejos el tema de la
marginalidad, podríamos preguntar si los "marginales" están al margen
de la sociedad o son centrales para los cambios sociales. Los movimientos
sociales de la "segunda sociedad" (las personas desempleadas o con
empleos marginales, los jóvenes, las minorías, las mujeres), aquellos que
quedan fuera de lo que los alemanes llaman los "dos tercios de la
sociedad" (zwei-drittel Gesellschagt) producen, sorprendentemente, importantes cambios
sociales: se mantienen con nuevos valores (feminismo, liberación sexual,
igualdad de derechos para los extranjeros) y nuevas formas de organización
social (vidas compartidas en grupo, programas de empleo y estudio
auto-dirigidos, relaciones de trabajo cooperativas) que transforman a toda la
sociedad a través del tiempo. Aunque sus formas de vestir y su apariencia
puedan parecer superficialmente extravagantes, muchas de sus cualidades
esenciales son bastante razonables. Desde esta perspectiva quizás los
"marginales" sean, en efecto, centrales para el cambio social. La
repentina proliferación de nombres de movimientos, de tácticas e ideas, es lo
que yo considero el "efecto eros"[10];
el que se da rápidamente en las sociedades contemporáneas en parte debido a los
medios de comunicación. La capacidad de los seres humanos de comprender
instintivamente las configuraciones completas de los movimientos y adaptarlos a
su propio contexto, conecta a nuestra especie en niveles de vida esenciales.
Aunque actualmente pequeños grupos de autonomistas puedan quedar aislados, también
se pueden llegar a reproducir rápidamente en la situación propicia.
A pesar de las dificultades en la conceptualización de los movimientos anti-sistémicos, yo sitúo la aparición de los movimientos autónomos en las condiciones materiales del capitalismo tardío, especialmente en la extensión del poder y la producción (desde el gobierno y las fábricas) al terreno de la vida cotidiana. La completa penetración de la sociedad civil por las relaciones sociales capitalistas y las estructuras jerárquicas de la autoridad ha ido acompañada de la incorporación parcial de los antiguos movimientos sociales a las estructuras establecidas: las fuerzas tradicionales de oposición como los sindicatos y los partidos políticos solventados por la clase trabajadora. Bajo estas nuevas condiciones, el auge de los diferentes tipos de movimientos sociales (feministas, jóvenes y ecologistas) ha revelado el carácter cambiante de la sociedad y simultáneamente ha desafiado la nueva configuración del poder. En mi libro, me involucro en discusiones sobre las relaciones entre las opciones parlamentarias y las formas de resistencia a través de la acción directa, así como la importancia de las comunidades de base de los barrios y el carácter cambiante de los movimientos autónomos. Después de la caída de la Unión Soviética y sus aliados, los Autónomos se desarrollaron con la trayectoria del movimiento anti-fascista que se opuso a la irrupción neo-Nazi. Aunque presto atención también a algunos de los atributos que son obstáculos internos para sus propias metas declaradas, busco separar las características específicamente nacionales para entender aquellas cualidades más universales. Se dedica a una discusión sobre el cambio en la noción de política que introducen los movimientos autónomos. A partir de documentos de los Autónomos, así como de mi historia con ellos, los contrasto con las tendencias tradicionales de la izquierda (Social Democracia y Leninismo), también esbozo sus diferencias con los Verdes. En una revisión crítica del trabajo de Antonio Negri muestro cómo el "obrerirsmo" es una interpretación inadecuada para el significado de los movimientos autónomos. Dada la importancia de Negri en el movimiento italiano, mi crítica puede ayudar a explicar por que la Autonomia no pudo renovarse a sí misma. En contraste con Negri yo apelo a una "racionalidad del corazón" y a una comprensión renovada de los roles de la pasión y de la militancia en las transformaciones sociales. La invisibilidad de los movimientos autónomos se configura en parte por la incapacidad de los teóricos sociales prominentes para comprenderlos. Analizo algunas de las razones para este vacío y propongo la descolonización de la vida cotidiana como una necesidad urgente. Las categorías tradicionales de la filosofía occidental son inadecuado para comprender las formas propagadas de la autonomía. Con las críticas a las conceptualizaciones al "obrerismo" de Negri y al feminismo de Benhabib, demuestro cómo incluso con las mejores políticas étnicas, de clase o de género, nos quedamos cortos para una crítica universal a la sociedad como la que articulan los movimientos autónomos. Los temas que plantean las sociedades industriales contemporáneas y los movimientos subversivos dentro de ellas están al nivel de la especie humana como una totalidad y ninguna identidad parcial es capaz de alcanzar el nivel de discurso sobre la especie. Al final espero que el lector vislumbre las posibilidades que las ampliaciones democráticas y la libertad de las prácticas de los movimientos autónomos anuncian.
[1] Processo, 10 de enero de 1994.
[2] Ver el libro Zwei Kulturen? Tunix, Mescalero und die Folgen (Berlin: Verlag Asthetik und Kommunikation, 1978) p.86, de Dieter Hoffman-Axthelm, Otto Kallscheur, Eberhard Knodler-Bunte y Brigitte Wartmann. Michel Rayan esboza un concepto similar en su introducción al libro de Antonio Negri: Marx Beyond Marx: Lessons on the Grundrisse (Brooklin: Autonomedia, 1991) p.xxx. A los dos significados de Agnoli, Ryan agrega un tercero, "el potencial productivo multilateral" del "sujeto en la sociedad comunista".
[3] Aunque han habido poco intentos por parte de los Autónomos por definir la autonomía, una excepción es la preparación del congreso de autonomía que se hizo en abril de 1995 en Berlin. Ver Eat It! Reader: Autonomie-Kongress-Reader Teil II (Berlin, 1995) pag. 6-7-
[4] Este sistema asigna un número proporcional de cupos en el parlamento (el Bundestag) a cualquier partido que obtenga más del 5% de los votos.
[5] Una vez en 1989 cuando hice una presentación detallada sobre los Autónomos (incluyendo diapositivas y copias de sus revistas) en el MIT para varios cientos de personas, un auditor me increpó diciéndome que yo había inventado el movimiento ya que los acontecimientos que yo había descrito forman parte de los verdes.
[6] Handbuch: Burgeninitiativen in Frankfurt editado por Ingrid Damian-Hesser y Michael Damian (Fráncfort: Verlag im Leseladen, 1978)
[7] Esta perspectiva es la más sólida en Holanda. Ver Cracking the Movement: Squatting Beyond the Media,
por ADILKO (Brooklyn: Autonomedia, 1994)
[8] Karl E. Meyer, "Germany's Once and Future Capital: A Second Chance for Renascent Berlin" New York Times (25 de junio de 1991)
[9] Ver Serge Schmemann, "Germans' Day of Exultation and Marlene Dietrich Too", New York Times (4 de octubre de 1990), p.16
[10] El efecto eros se refiere al despertar repentino, intuitivo de la solidaridad y de la oposición masiva al sistema establecido, como ocurrió en mayo del 68 en Francia. Ver mi libro Imagination of the New Left: Al Global Analysis of 1968 para su formulación inicial. También mi escrito "The Eros Effect", presentado ante el congreso de la American Sociological Association en agosto de 1989. Para un debate en torno al tema, ver mi intercambio con Staughton Lynd en el Journal of American History, de junio de 1990. Se han hecho muchas investigaciones sobre la solidaridad espontánea y las acciones generadas por los alzamientos populares. Sidney Tarrow entiende de modo similar la difusión de los movimientos en Power in Movement: Social Movements, Collective Action and Politics (Cmabridge: Cambridge University Press, 1994).